Y desde entonces he concebido un verdadero odio a eso que llamamos
progreso, y hasta a lacultura, y ando buscando un rincón donde encuentre un
semejante, un hombre como yo, que llorey ría como yo río y lloro, y donde no
haya una sola máquina y f luyan todos los días con la dulce mansedumbre
cristiana de un arroyo perdido en el bosque virgen (Miguel de Cervantes, Mecanópolis, ultimo párrafo)
Esa parte de Mecanópolis pasó después de un viaje a mecanopolis, la ciudad
de máquinas. El hombre que viajó por
alla se dio cuenta de algo muy interesante en su viaje. El encontró la ciudad después de casi morir
de sed, y casi se volvió loco en la ciudad debido al facto de que las máquinas
están invisibles. Cuando salió, encontró
otras personas como el, y se dio cuenta que esa fue lo que quería todo el
tiempo.
Esta historia explica los deseos más profundos que tenemos como seres
humanos. Nosotros queremos que los demás
nos entiendan, y a veces buscamos tan profundamente por esas cosas que perdemos
nuestra perspectiva y empezamos a desear lo más profundo porque creemos que nos
va a satisfacer. Pero, como se ve en la
historia, esas máquinas están invisibles, y no nos pueden ayudar ni traer la
felicidad. Creo que salimos a buscar la
felicidad sin darnos cuenta de que esas cosas que nos hacen feliz ya están en
nuestro alcance.
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